martes, 28 de agosto de 2012

Contrariedad

A veces me pregunto por qué no te basto, no te alcanzo, por qué te resulto tan insuficiente. O por qué no quieres quererme o no quieres que yo te quiera. Y a veces tampoco yo quiero quererte… Y a veces lloro. Pero eso es todo. Y a veces te pido y me das. Y a veces me das sin que te pida. Y a veces también tú me pides. Y cuando me lo permites, te doy todo lo que tengo. Sigue siendo poco, pero es todo. Y te quiero. Y te acaricio con la inmensa ternura de tenerte. Y te beso con la inmensa felicidad de tenerte. Y mi piel, mis huesos, mis entrañas abiertas, te reciben con la inmensa, arrebatada e impetuosa vehemencia de tenerte. Tenerte aunque yo no te alcance. Aunque no te sea suficiente. Tenerte aunque no quieras que te quiera. Quererte aunque ni yo misma a veces lo quiera. Tenerte, queriendo que quisieras quererme, e incluso queriendo que me quisieras; que te bastara, que te alcanzara… Pero otras veces te abrazo y me río. Me callo lo que ya sabes, lo que quisieras que yo no quisiera, o lo que a veces tal vez ni yo misma quiera. Y me pregunto qué piensas cuando te vas, o qué piensas cuando regresas. Y a veces te escribo. Y a veces hasta te quiero feliz de quererte. Y te gozo… Pero eso es todo.

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